Cuando vuelvas del viaje aquel que me contaste

Que aquella vez sin demasiadas ganas emprendiste 

Y te pongas a deshacer el equipaje que llevaste

Por un lado aliviada, pero a la vez un poco triste

 

No te olvides de poner una vela al dios de la amistad

Cuya efigie impoluta se guarda en la alacena del salón

Aquel al que rezamos en plena sensación de soledad

Y al que muchas veces adoramos, sin que haya una razón.

 

Mientras tú haces esto  yo me habré levantado

Con la firme  intención de preparar café

Y como para las plegarias no estoy muy bien dotado

Aún sabiendo que lo nuestro es ya un acto de fe,

 

Miraré pues la casa que compartimos a ratos

En la que todo giraba en torno a dos amantes

Llena de aire puro y de muebles muy baratos

Que guardaban trajes caros y vestidos elegantes.

 

Allí se inició un camino que terminó bruscamente

Cuando la vida nos dio unos cuantos puñetazos

Dejándonos tan solo del cariño unos pequeños trazos

Y la sensación de que el amor se alejaba lentamente.

 

Tal vez porque no deseaba quedarse en una casa

En las que sus dos habitantes no le quieren

Y le miran con hastío cuando a su lado pasa

Y en cuanto pueden, uno de los dos le hiere.

 

No fui yo el que herí al amor, de eso estoy seguro

Y no puedo determinar quien ha sido el culpable

Pero el  hecho cierto es que me va a resultar duro

El haber visto del cariño la cara  menos amable.

 

Cuando muera la noche, y el día tenga a bien

Aparecer a lomos de la cola de un cometa

Supongo que sabremos sobrellevar también

La triste decepción de no tener ninguna meta

 

Y mirándonos a los ojos como quien mira al mar

Pensaremos en algo que en tiempos nos gustaba

Esa playa infinita por la que airosa caminabas

O la frágil barca en la que a veces te solía llevar

 

A una isla desierta, o al menos exenta de inquietud

Lista para varar el pecio que se deslizaba por las olas

Levemente empujado sin cesar por el  viento de cola

Un lugar para amarse sin tregua hasta la senectud.-

 

Trocado ahora en algo difícil de nombrar

Sin encontrar palabras iguales al hastío

Que produce en las almas al bendito penar

Del dios Eolo que rugirá sin tregua hasta el estío.

 

O hasta que un amor volvamos a encontrar

Que nos lleve de nuevo al jardín del Edén

Voy a decirte ahora que todo estuvo bien

Al menos hasta donde yo puedo recordar.

 

Si un día te diese por escribir tus memorias

Cuando seas mayor y el amor ya no añores

Recuerda que tan sólo fui un trocito de historia

Y que yo me merezco que por mi ausencia llores.